Análisis político de derecha desde Bquilla.
Barranquilla

¿Hay espacio para la derecha en Barranquilla?

El charismo ha Sido tradicionalmente algo así como de centro. Procuran por entregar resultados y no desgastarse en batallas ideológicas; al fenómeno Alex Char es difícil enmarcarlo. Pero... En el próximo octubre, la realidad será otra.

Barranquilla se ha contado durante años como ciudad de centro. No tanto por una doctrina, sino por un método: el charismo gobernó con obras, gestión visible y un pragmatismo que evitó las etiquetas duras. Cambio Radical, alianzas variables y un discurso de ciudad que funciona fueron más rentables que un programa ideológico. En una capital que premia resultados concretos —arroyos, malecón, eventos, imagen de progreso— el centro no fue timidez. Fue una fórmula ganadora. Por eso la pregunta no es si la derecha “existe” en la Arenosa. Es si puede existir sin convertirse en una copia del poder que ya ocupa el medio del tablero.

El 2026 movió esa geometría. Un presidente costeño de derecha llegó a la Casa de Nariño y eligió a Barranquilla como escenario de su victoria. El clan Char, que históricamente prefería no quemarse en las batallas nacionales más polarizadas, apostó por ese candidato para contener el avance de la izquierda en el Caribe. Eso no convierte automáticamente a la ciudad en un fortín ideológico. Convierte al centro local en un actor que, cuando el país se parte en dos, se ve obligado a elegir bando. El espacio de la derecha no nació de un partido nuevo en cada esquina. Nació de una polarización que ya no deja al gestor municipal fingir que las definiciones nacionales no le importan.

Ese espacio, sin embargo, no está vacío ni está garantizado. En Barranquilla hay votantes que piden más orden, menos tolerancia con el desorden urbano y un relato nacional distinto al del petrismo. También hay una izquierda que en la presidencial sigue siendo competitiva en el departamento y que ya mira 2027 como la oportunidad de disputar la Alcaldía y la Gobernación. Entre ambos polos, el charismo sigue siendo la máquina más eficaz: controla la administración, el relato de la “ciudad que avanza” y buena parte de las estructuras. Una derecha que pretenda desplazarlos chocará con esa maquinaria. Una derecha que pretenda solo rentarles el voto será un apéndice, no un proyecto.

La respuesta, entonces, es sí: hay espacio, pero es un espacio incómodo. No es el de una derecha doctrinaria que reemplace al centro barranquillero de un día para otro. Es el de una derecha que dialogue con el sentido práctico de la ciudad —seguridad, empleo, prestigio urbano— sin diluirse en el mismo centrismo que ya tiene dueño. Si se limita a ser el eco nacional de un gobierno amigo, no arraigará. Si se inventa como enemiga de la gestión local, se quedará sin ciudad. El hueco existe entre el clan que administra y la izquierda que disputa. Quien lo ocupe tendrá que hablar barranquillero: menos consigna, más resultado, y una identidad que no se preste ni se esconda.

Artículos relacionados

Ver todos